Lo más triste de esta noche triste es que siempre supimos que esas dos rojas de Atlético no nos darían mayores chances de dar vuelta la historia sino que contribuirían a acrecentar la hazaña de los rafaelinos...
Debutar perdiendo en casa contra uno de los recién ascendidos es apenas la punta del iceberg que amenaza con hundir nuestra ilusión. El gran problema de Banfield es ese mix de imprecisión cuasi amateur con la pelota y de desconcepto supremo sobre qué hacer con ella las veces (pocas) en que logramos que luzca como una perfecta esfera de cuero y no esa especie de bergamota que parece ser la número 5 cuando la tiene alguno de los nuestros. Pelotazos por doquier, primero; y una tremenda impericia conceptual para ocupar espacios libres y mover bola y jugadores propios: ellos nos mostraron como una caricatura de equipo. Corremos mal, no pensamos, chocamos, marcamos sin orden y no hay frialdad en las pocas que quedan para definir. Un verdadero show... de terror.
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